Gisella

Gisella (23 años). Estudiante de publicidad. La menor de tres hermanas quienes comparten raíces que recorren desde la Quebrada alta de Tarapacá hasta la ciudad de Iquique. En 2016 toma la decisión de irse a Santiago para continuar con sus estudios, siendo la distancia quien realiza la invitación a descubrir el por qué de las propias formas.
Esta entrevista fue realizada en el poblado de Quillahuasa, localidad ubicada a unos 200km de distancia de Iquique que no cuenta con más de 10 habitantes, entre quienes se encuentra su abuela Valentina.
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¿Cómo te describirías?
Soy directa. Muy alegre, me gusta reír y bailar. Me gusta conversar con la gente, siento que ahí pueden nacer muchas cosas, creaciones y entender situaciones. Sobretodo salir de tu burbuja. Me gusta conectar con la gente.
De aquello, ¿qué aspectos tienen que ver directamente con haber nacido en el norte?
Lo asocio mucho a la calidez, al sol, los suelos, la música, las bandas de bronce, los lakitas. Haber crecido con los recuerdos de las festividades, bailes, colores y paisajes ayudaron a que forjara una personalidad con esos mismos matices.
¿Y qué significa para ti venir del norte?
Es algo determinante. La vida en el norte es muy distinta a la vida que se lleva en el resto de Chile, pero como ahora estoy en Santiago noto más las diferencias.
No todas las personas han tenido el privilegio de poder crecer con la naturaleza, con lo rural y lo no intervenido. A veces describen el norte como una zona de descanso pero también para el interior hay mucho trabajo para poder vivir y por lo mismo no mucha gente habita los poblados de la quebrada.

¿Cómo describirías tu vínculo con la región de Tarapacá?
Puro amor. Pienso en un amor nutrido, en lo familiar, en los recuerdos que tengo desde chica. Las risas, la familia entera unida en las chakras paseando, pienso en la música.
Me llama la atención porque es algo que se nos enseña de chica. Por ejemplo, cuando una persona toma la fiesta patronal el alférez o la alférez reciben donaciones de toda la comunidad, todo desde las ganas de querer aportar con algo para que se logre un objetivo, no hay otro interés.
¿Sientes que llevas eso también a tu vida?
Sí. definitivamente. A todas las relaciones: de familia, amistades, relaciones afectivas. Siempre busco nutrir y que me nutran de amor.

¿Cómo describirías a las mujeres de tu familia?
Las mujeres de mi familia son todas esforzadas, preocupadas y unidas a su manera. Quizás algunas más frías que otras pero el cariño lo demuestran de muchas formas.
¿Cómo crees que es ser mujer en la región de Tarapacá?
Ser mujer es intenso, diverso, pensándolo desde la naturaleza. Encuentro brígido pasar desde los cerros a la playa. Por el paisaje puedes vivir distintas sensaciones.
También creo que es duro ser mujer en Tarapacá por lo que implican los trabajos.
Todo lo llevo a la educación, como no hay preocupación por la educación de la gente de la región, las personas tienen que salir. Igual es duro salir de esa burbuja que no te enseña mucho.
Salir de la burbuja es también un esfuerzo, no es algo que se te otorgue. Tienes que buscarlo y solo pasa si quieres, porque si no te quedai en la comodidad de lo que te dieron.
En lo que estaba determinado que iban a ser nuestras vidas acá… ¿Qué otras cosas nos diferencian?
La vitalidad. Hemos tenido espacio para vivir y saber lo que es vivir. Creo igual que se refleja y se caracteriza en la gente del norte el saber pasarlo bien. En Santiago escucho mucho “la gente de Iquique es muy simpática” o “son todos muy buena onda” es algo común que se repite y que te lo hacen saber.
El otro día le daba vueltas a que esa amabilidad es inherente al saber que te han faltado muchas cosas y desde ahí viene el compartir. No nos cuesta ser amables.
¿Cómo describirías Iquique en tres palabras?
Surreal. Lo segundo, la amabilidad. No sé si sea amabilidad propiamente tal, pero en sí, la gente es amistosa. Lo puedes notar en las micros o cuando ves a alguien de afuera perdido porque la gente le ayuda. Lo tercero, playa, porque aparte de la playa puedes estar modo playa.
¿Qué es lo que más te gusta del norte?
Los colores de la naturaleza forman una paleta de colores que suelo ver y aplicar cuando trabajo haciendo alguna ilustración o en los programas que uso para la universidad. Pienso en los pompones de las llamitas, los colores fuertes, los aguayos, los cerros, el agua, los ríos, el sol. Todo tiene su color, eso me gusta.
¿Y lo que no te gusta?
El machismo.
¿Cómo crees que se manifiesta acá?
Me carga ver cómo mi mamá atiende a mi papá porque ella llega igual de cansada de la pega y lo tiene que atender porque es mujer. O que las mujeres siempre se hagan cargo de las familias. No sé si eso es algo que me moleste en sí, pero si las causas de ello.
Por otro lado, veo que los roles de género se replican también en las tradiciones. El otro día mi abuela me decía que en las fiestas, los hombres bailan con madera en sus manos y las mujeres con verduras. Son cosas chicas que la gente no se da cuenta pero yo sí me doy cuenta y me molesta que se siga perpetuando aquello. Basta de eso.
¿Cuáles crees que serían las peculiaridades del machismo acá?
Está super normalizada la violencia. Es normal ver que a mujeres de tu familia les han sacado la cresta y que aquello se sigue permitiendo. También con la entrada de hombres violentos a nuestras familias, a nuestros pueblos.
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