Raíces Rojas

Las fotografías que acompañan esta entrevista fueron cedidas por Raíces Rojas.
Raíces Rojas (26). Aprendiz de partería aymara. Nacida en Iquique, con recuerdos de infancia y vida piqueña, en un constante despertar de la sabiduría interna y ancestral.
Raíces se describe como un alma vieja, una reencarnación que en este plano le tocó investigar sobre todo lo que la mueve ahora. Viene de una familia de mujeres “fuertes y honestas” con ascendencia aymara y con un profundo vínculo con la tierra, las raíces, los orígenes y el sol.
Esta entrevista fue realizada en enero de 2020, tomando un tecito en una de las grandes casonas de Baquedano que nos invitaban a preguntarnos “¿quiénes habrán pasado por estas calles antes que nosotras?”.
EL PORTAL DEL PARTO
Raíces llegó a dedicarse a la partería por esas casualidades que no son casualidades. Un día, una de sus amigas parteras le pide con urgencia que le lleve su bolso de materiales que había olvidado. A los cinco minutos de llegar con el encargo, pudo ver cómo la chica que estaba siendo atendida parió, sin intervenciones, luces fuertes, ni interacciones inmediatas. Todo desde la integridad.
“Siento que en la clínica y en el hospital, la figura que está viendo el parto de la mujer no se dedica tanto como cuando el parto es en casa. Es bello ver nacer, ver como tu cuerpo se expande… con esa imagen siempre me quedo, con las miradas, la sorpresa. Eso me gusta”
Entre eso, es que el descubrimiento e investigación en torno a las sabidurías ancestrales lo considera como “pura suerte”, siendo en su mayoría originado por conversaciones con yerbateras que en el intercambio de plantas y palabras terminan por agregar “yo atendía partos”, “mi mamá atendía partos” empezando así los contactos, los aprendizajes y el fin del tabú de los olvidos.

¿Qué piensas de ser partera?
Nunca pensé en ser partera. Jamás. Me he cuestionado harto el cómo llegué a esto. Las chicas empezaron a tomar confianza conmigo ya que no es llegar y disponer tu parto a cualquier persona, más aún, en un país donde el parto en casa tiene aún mantiene un vacío legal.
Me di cuenta que en el hospital no es conveniente parir. Lo primero fue investigar sobre por qué las mujeres dejaron de parir en casa. Cuando las chicas por Instagram me preguntan "¿oye... cuanto cobras por trabajar la placenta?" así, sin nada, ni un hola, nada... yo les digo, "amiga, yo no vendo un producto", no es "hago un gorro de lana y te lo doy" no es eso.
A la fecha, ¿cuántos partos has atendido?
Hasta ahora 10 partos. Es un número poquito, pero son 10 partos y 10 familias que han confiado en mí, en mis manos. Es maravilloso.
¿Cómo ha sido aprender de otras mujeres?
Muchas personas me preguntan “¿y estudiaste?” sí, la vida. Me he encontrado con las mejores maestras en mi camino y llevo tan poco en esto que siento que deben haber tantas mujeres más. Me pasa que muchas veces me quiero apurar porque están envejeciendo. Hay muchas mujeres que se han ido sin contar su historia o sus saberes, por eso me llama mucho el tema de investigar sobre la partería tradicional desde la cosmovisión andina.
¿Qué implica el proceso de acompañar?
Siempre va acompañado de una primera entrevista. No todas las mujeres están aptas para tener un parto en casa... debes estar con una salud super buena. Nada de presión alta, ni hipertensión y todas esas cosas. Cuando las mujeres me dicen que quieren parir en casa el tema de la confianza es crucial. Si tu confías en tu cuerpo, si tú sabes que vas a parir y que tu cuerpo puede parir, decido acompañar.
A las mujeres las veo una vez al mes. Luego cuando cumplen las 32 semanas empiezo a ir a visitar a su casa una vez a la semana. Voy a ver si están bien con su embarazo, si la wawita bajó, escuchamos los latidos… muchas veces me ha tocado que las wawitas están dadas vueltas y a través del rebozo se hace un acomodo. Cada parto es distinto.
Hay algo en nosotras... nuestras ancestras, algo que tenemos en nuestro cuerpo, nuestro ser, en nuestras vivencias, en nuestra mente... que actuamos salvajemente, por eso muchas veces nos gusta la comunicación no verbal durante el parto. Eso es fundamental.
SABIDURÍA Y TRADICIÓN
Para Raíces la comunicación resulta elemental dentro de todo el proceso. Es por ello que hablar de la muerte es también una de las detenciones necesarias dentro de lo que implica lo sagrado de la vida.
“Yo les explico a las mujeres que hay veces en que el portal del parto trae vida y muerte al mismo tiempo y todos pasamos ese portal. Siento que hay un momento de silencio cuando nace la guaguita… yo creo que ese es el portal entre la vida y la muerte”.
Entre los rescates de la memoria, Raíces recuerda cuando la segunda vez que fue a ver a una partera al interior de Iquique, ella le decía que en algún momento de la gestación, la embarazada debe tocar el mar para que la luna sepa que está gestando, esto porque la luna mueve las aguas y ella debe estar en conexión con la embarazada y el mar.
Así también con las indicaciones de cubrir el ombligo para que no entren malas energías o colocarle una cintita roja a la wawita para que no la ojeen. “Esas cosas una las dice, pero al final es en las miradas cuando una va a ver a las mujeres donde notas que te escucharon y que tomaron tu palabra”.
¿Cómo ha sido trabajar de partera aquí?
Empecé acompañando a mujeres migrantes y a mujeres aymara. El año pasado atendí un parto en un pueblo del interior, lo que fue muy potente. Ha sido admirable poder rescatar toda esta historia viajando por los pueblos. Ha sido maravilloso llegar a oídos de esas personas, rescatar el parto en casa, el parto aymara y la cosmovisión andina.
También me gusta ocupar hierbas de acá, albahaca, hierba luisa, manzanilla, jengibre, zanahoria que se da mucho...
¿Cómo fue atender un parto en un pueblo del interior de Tarapacá?
Cuando decidí acompañar a una mujer allá fue plenamente por su confianza y sus deseos de parir en casa. Si bien, en todo parto pueden haber riesgos ¿qué pasaba si había algún riesgo ahí?, son muchas horas de distancia con Iquique.
Las mujeres esperan adentro de la casa y los hombres afuera. Cuando di a conocer que había nacido la wawita mataron un llamito. Cuando empiezo a escuchar al animalito, pregunté qué pasaba y la chica me decía que como no había un nacimiento hace mucho tiempo en el pueblo, se sacrificó una llama porque para los aymaras las llamas son sagradas.
Mi presencia en ese parto fue solamente para darle una confianza de que si algo pasaba, alguien estaba ahí con conocimiento.
¿Qué haces luego de recibir y canalizar toda esta información y energía? ¿cómo te proteges?
Me doy un baño y siempre al mar. Siempre. En el parto entrego mucho… y la energía del hogar de ese momento... creo mucho en los portales, como te decía el portal de la vida y la muerte.
Y bueno, siempre, agüita. Creo mucho en la medicina de las plantas, me protejo mucho con plantas y en mis palabras igual. Siempre cuando me llaman y me dicen "negra, estoy con contracciones" ya... siempre antes, puedo estar muy apurada pero siempre hago un recito antes.

LA NUTRICIÓN DE LOS ÁRBOLES
Todas las mamíferas después de parir sueltan una placenta. Las humanas somos las únicas mamíferas que no la consumimos luego del parto, esto producto de que este proceso natural de nuestros ciclos fue industrializado, utilizando la placenta para fines cosméticos.
Del lado materno se extrae un poco de carnosidad que se mantiene en la muela cerca de dos horas antes de ser tragada, esto para recobrar fuerzas luego de los loquios (sangrado posparto) y la necesidad de reintegrar toda esa sangre que salió del útero.
Para saber más sobre la existencia del ser que ha llegado a la Tierra, se realiza una lectura de cordón umbilical y placenta, en donde se realiza un pequeño ritual con la familia.
“Yo ahí les comento un poco de lo que puedo ver de la placenta y luego se entierra como un acto de agradecimiento a la Tierra. Cuando la wawita es hombre se ofrenda a un árbol frutal porque los hombres son fruto y cuando la wawita es mujer se ofrenda a una planta medicinal porque las mujeres son medicina”.
¿Qué es lo más bello que has visto?
Ver el árbol de la vida. Es lo mismo que la quiromancia, que es la lectura de tus manos. Cada árbol es una huella distinta. Nunca he visto una placenta igual que la otra… los colores morados, azules, rojos. Es maravilloso.
En la lectura de la placenta se ven muchas cosas reflejadas, pero es recién cuando ese hijx se sienta ya responsable de su vida es cuando sale a la luz las certezas de la lectura de la placenta.
El día que dije “es verdad lo que digo” fue cuando trabajé una placenta y en esta placenta había dos árboles. Yo en mi mente decía “¿pero cómo hay dos árboles si hay solamente una wawita?”. Mientras estaba en el ritual estaba todo el rato con eso en mi mente pero seguí callada hasta que en un momento le pedí silencio a la familia y manifesté mi sentir… “sabes qué, esta placenta tiene dos árboles. Yo acá veo dos cosas distintas. Veo dos seres…” ahí la chica me comenta que cuando tenía dos meses era parto gemelar y lo perdió. Ellos nunca me contaron… ahí confirmé que el árbol de la vida es tu caminar. Tu huella digital.
¿Cómo trabajas la placenta?
Hago cápsulas para hacer perdurar la placenta y sus nutrientes. Para eso, la placenta se deshidrata, se muele y cómo ya está molida la puedes consumir en polvo. Entonces, cuando tu cuerpo se ve afectado por anemia o no te baja la leche puedes consumir tu placenta y baja la leche. Esto me lo pueden confirmar todas las mujeres.
Dentro de lo occidental me gusta que se haya sabido esto de las cápsulas para que se mantengan más allá del parto.
Sobre lo que has investigado, ¿qué ha sido lo que más te ha llamado la atención?
Bueno, más allá del tacto, investigar sobre cómo las diferentes culturas hacen y consumen la placenta y lo que se puede realizar con ellas. Siento que es un órgano desconocido.
En este mundo occidental muchas mujeres que han tenido partos no conocen o no sabían lo que era una placenta. Eso me ha llamado mucho la atención, ¿en qué momento se perdió tanta información?.
¿Hay algo más que te gustaría agregar a lo que estamos conversando?
Me siento agradecida de ser una humilde rescatadora de la partería tradicional. Siento que no me creo la gran cosa, pero siento que se debe visibilizar más este oficio olvidado.
Espero que más mujeres sigan reconociendo esto.
¿Te gustaría decirle algo a las mujeres de Tarapacá?
Creamos siempre en nosotras mismas, la verdad es que lo somos todo y a la vez nada, pero siempre habrá un sol al día siguiente, un sol pampino.
Gracias.
Gracias a ti.
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